La inhibición de Alexander en la práctica musical

TÉCNICA ALEXANDERFLAUTA

La inhibición en la Técnica Alexander: el secreto para cambiar nuestros hábitos en la práctica musical

Dentro de la Técnica Alexander, la inhibición es la llave que abre la puerta al cambio. F.M. Alexander utilizaba este término para referirse al proceso consciente mediante el cual detectamos un hábito antes de ejecutarlo, permitiéndonos decidir realmente qué es lo que estamos haciendo. En cualquier momento podemos detenernos para elegir nuestra siguiente acción.

Es común que estemos más familiarizados con el uso que Sigmund Freud daba a la palabra “inhibición” como una forma de supresión emocional. Alexander, sin embargo, empleaba el término en su acepción científica: así como un inhibidor en una reacción química se encarga de ralentizar o frenar un proceso, en esta técnica lo utilizamos para frenar nuestra reacción automática ante un estímulo determinado.

Al trabajar con la inhibición, entrenamos nuestra capacidad de tomar decisiones. Es revelador reconocer que podemos elegir detener nuestra actividad en cualquier momento para analizar qué estamos haciendo y cómo lo estamos haciendo, especialmente durante la práctica musical. Este espacio nos permite encontrar formas distintas de abordar el instrumento, evitando caer en patrones de reacción inconscientes.

Cuando Alexander recitaba frente a los espejos, se detenía en el instante en que notaba que sus hábitos tomaban el control. Si buscamos transformar nuestra forma de practicar, el primer paso es aprender a inhibir nuestras reacciones habituales.

En la Técnica Alexander, la inhibición es una forma muy específica de estar presente en lo que hacemos. Inhibir la reacción ante un estímulo significa, sencillamente, no responder: ni reaccionar para corregir, ni resistir el estímulo (lo cual es, en sí mismo, otra forma de reacción). Es el espacio de pausa necesario para que una nueva respuesta sea posible.

F. M. Alexander planteaba que, al practicar la inhibición, se abren ante nosotros tres posibilidades de respuesta. Comprenderlas es fundamental para transformar una reacción automática en una decisión consciente:

  1. Reaccionar de la forma habitual: Puede parecer contradictorio, pero elegir conscientemente hacer lo que haríamos habitualmente es un ejercicio de observación importante. Nos permite entender que la intención no es “reprimir”, sino desarrollar la capacidad de elegir.

  2. No hacer nada (evitar la actividad): En muchas ocasiones, la respuesta más útil es elegir no actuar. Esto refuerza la importancia de frenar el patrón habitual que queremos cambiar. Si nos preparamos para “no tocar” el instrumento con el fin de modificar cómo lo tocamos, habremos comprendido la base del cambio. Aquí, nuestro compromiso emocional de tocar “bien” se pone a prueba frente al compromiso de cuidarnos a nosotros mismos.

  3. Hacer algo distinto: Esta es la elección más común. Por ejemplo, si noto que al tocar la flauta acerco la cara hacia el instrumento —contrayendo innecesariamente los músculos del cuello—, la inhibición me ayudará a frenar antes de reaccionar. Así, puedo decidir no llevar la cara hacia la flauta y cambiar mi hábito, llevando el instrumento hacia mi boca y evitando la tensión innecesaria en el cuello.

No tenemos que lograr “hacer algo bien”, solo necesitamos recordar que siempre tenemos opciones para elegir.

Al practicar bajo los principios de la Técnica Alexander, es fundamental dar prioridad al proceso de cambio y no al resultado musical inmediato. Si al principio notas que la música parece salirte “mal”, mantén el compromiso con la práctica.

Cuando inhibimos hábitos que hemos reforzado durante años —y que incluso nos han dado buenos resultados—, es normal que el cambio se sienta extraño, incómodo o incluso “incorrecto”. Es posible que nuestra coordinación se desorganice, que aparezcan notas falsas o que la embocadura se sienta inestable. Sin embargo, la realidad es que, a medida que mejoramos el uso de nosotros mismos, nuestra coordinación natural aumenta. En poco tiempo, estarás tocando con la misma eficacia de antes, pero con una libertad y suavidad mucho mayores. En algunos casos, los beneficios son inmediatos y mejoran aspectos evidentes de la ejecución, lo que facilita el compromiso.

Relacionando estas ideas, podemos deducir que para resolver un obstáculo técnico no basta con identificar el problema y repetir escalas o arpegios de forma mecánica. El verdadero cambio surge al alcanzar un estado de conciencia que nos permita elegir una acción distinta, una que desactive el patrón que genera el obstáculo. Al desarrollar esta capacidad de decisión consciente, dejamos de actuar en “piloto automático”, abriendo paso a una transformación real y duradera en nuestra práctica.

Bibliografía utilizada como referencia:

«Alexander technique for musicians» Judith Kleinman & Peter Buckoke, (2013)

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